“Mis clientes no son quienes quiero”

Todos sufrimos de malos clientes. Reconocerlos es fácil porque más que beneficios traen problemas. La idea detrás de las relaciones profesionales es que uno tiene un problema y el otro la solución, pero hay veces en que el cliente no quiere escuchar o aplicar tus soluciones. Entonces es cuando en vez de soluciones, también tienes problemas.

En vez de malos clientes me gusta más hablar de buenos clientes, de Clientes Ideales. Prefiero hacerlo así porque se establece un diálogo menos tóxico. En lugar de criticar las características de los malos, elogiamos la de los buenos haciendo notar la diferencia.

El cliente ideal es alguien con quien todo profesional desearía trabajar. ¿Por qué?

En primer lugar, le dedica tiempo a rellenar el brief de proyecto. Muchos clientes consideran difícil, y una pérdida de tiempo escribir sobre las características del plan. Pero dejar claro por escrito las características del encargo, de la empresa y sus objetivos ayuda muchísimo a marcar un rumbo al que dirigirse.

Esto nos lleva a que los buenos clientes no te hacen perder el tiempo. En muchas ocasiones al no estar clara la dirección a seguir en el proyecto, o al no saber qué es lo que se quiere conseguir, el cliente realiza constantes cambios desbaratando todo el tiempo invertido en ello.

Un buen cliente sabe qué es lo que quiere y va directo a ello, pero confía en el juicio del profesional. El cliente ideal entiende que el profesional en el medio eres tú y espera que aportes tus conocimientos y puntos de vista para que dés soluciones apropiadas a sus problemas. Sabe que tu trabajo no es fácil ni rápido, y desde luego no se dedica a decirte cómo hacer tu trabajo guiándose en su propio criterio o en la opinión de un amigo. El buen cliente entiende

Un buen cliente está disponible cuando lo necesitas. Pero con ello no quiero decir que deba descolgar el teléfono cuando lo llamas un sábado a las 4 de la madrugada. Me refiero a que responde tus llamadas, tus emails o tus watsapp sin demasiada demora. Esto me lleva a otra característica positiva del cliente ideal y es que respeta tus horarios. Si no le exigimos al otro que nos responda durante su descanso, tampoco nos deberían de exigir lo mismo.

Es comprensible que por la urgencia o importancia del proyecto sea necesario tener una disponibilidad de 24h. Pero un buen cliente entiende que cualquier modificación o cambios no especificados en el contrato tendrán un cargo extra en la factura.

Y ya que hablamos de dinero.

Un buen cliente no regatea tus precios. Si no lo hacemos con los productos, ¿por qué iba a ser justificable con los servicios? Los buenos clientes entienden que tus precios están justificados de alguna manera (mercado, habilidad, experiencia, etc.) y si no está conforme siempre puede buscar a otro profesional.

Es común en el mundo de los servicios querer pedir un anticipo del 50% para empezar el proyecto. Un buen cliente entrega el adelanto sin reservas pues, como dijimos antes, confía en ti, y además no se retrasa en el pago, ni en el adelanto y en el resto.

Hay quienes intentan pagar en especie, promoción, publicidad, exposición, promesas o similares, pero un buen cliente paga con dinero, pues es éste el que costea la comida, luz y todos los gastos.

Finalmente, como último consejo, localiza a los clientes criticones. Es importante porque éstos son personas que sólo ven las cosas malas y se dedican a estar constantemente hablando mal de los demás. Evita trabajar para ellos pues tarde o temprano esparcirá una mala imagen de tí, y eso no es algo que le interese a nadie.

De todas formas realmente no existen los malos clientes, sino malos vendedores.

Y es totalmente cierto.

Atraemos a un tipo de cliente según la imagen que proyectamos. Aunque duela admitirlo, juzgamos los libros por sus portadas. Por ello es tan importante el lenguaje visual de tu empresa. De hecho, un buen cliente entiende que el diseño es una inversión y no un gasto.

Me encantaría conocer tu opinión y experiencia sobre el tema, puedes dármela más abajo, en la caja de comentarios.

Photo by Matthew Henry on Unsplash